
Todos los JUEVES de 19.30 a 20.30
Todos los DOMINGOS de 19.00 a 19.30
Todas las MAÑANAS de 9.30 a 13.00
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación”»
Si quieres orar y estar junto a Jesús lo puedes hacer...
Todos los VIERNES a las 20:00 horas.
En la Parroquia de SANTA MARÍA la Mayor.
Mt 26,14–27,66: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Las fachadas de los edificios nos enseñan antes de enseñar y abren expectativas sobre lo que encontraremos dentro, si podemos penetrar en su interior. El pórtico monumental de este Domingo de Ramos muestra una construcción majestuosa de enorme calidad y belleza. Sin embargo, al asomarnos a su interior, observamos una historia que dista notablemente de la entrada triunfal del Salvador en Jerusalén.
¿No es también así tantas veces la vida? Donde un arranque fabuloso, expectativas entusiastas hacen presagiar un futuro prometedor, luego, no obstante, se topa con una realidad sembrada de sinsabores, frustrante y sufriente. La promesa de justicia, verdad, belleza se agotan al poco de comenzar su recorrido.
En el Hijo de Dios hecho carne el fracaso es supremo, tanto más cuanto había sido recibido en la Ciudad santa con fervor. Habrá que estar a su lado para aprender el lenguaje del amor del Padre y atravesar con Él esta Semana tan santa para recoger de la siembra que Él nos dejó. Participaremos de su cena de despedida, cimentando la Eucaristía, el ministerio sacerdotal y mostrándonos el amor fraterno. Luego en su pasión, contemplando, en la cruz, la entrega más grande el amor de oblación para nuestra salvación. Aguardaremos en silencio tras su sepultura, viviendo cómo la paciencia de Dios es nuestro consuelo y aprendiendo a vivir los ritmos de Dios.
Finalmente, el triunfo definitivo con la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección. La constatación de que Dios es soberano sobre los acontecimientos y hace brotar vida nueva del amor entregado. Nada de lo vivido en esta Semana será inútil, porque todo nos ha de llevar hacia nuestro Señor y vivir en Él el misterio de su muerte y resurrección.