Ciclo A

Exposición del Santísimo

santisimo1

  • San Pedro Apóstol

  Todos los JUEVES de 19.30 a 20.30

  • Santa María la Mayor

  Todos los DOMINGOS de 19.00 a 19.30

  • Las Mínimas

  Todas las MAÑANAS de 9.30 a 13.00

Acercate a la Oración

jesus 7502413 1280«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación”»  

Si quieres orar y estar junto a Jesús lo puedes hacer... 

 Todos los VIERNES a las 20:00 horas.

 En la Parroquia de SANTA MARÍA la Mayor.

DOMINGO III DE PASCUA (ciclo A). 19 de abril de 2026

Hch 2,14.22-33: “Por eso se me alegró el corazón”

Salmo 15: Señor, me enseñarás el sendero de la vida.

1Pe 1, 17-21: Por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria.

Lc 24, 13-35: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?

 

Cuántas veces se reaviva la idea de casa en nuestra mente, especialmente cuando nos encontramos en un ambiente ajeno o con cansancio. La casa inspira descanso, seguridad, privacidad, desinhibición, intimidad… Y, sin embargo, aunque lo que nos espera fuera de esta no puede estar sujeto a nuestro control y nos expone a más imprevistos y comodidades, es necesario salir y hacer camino, para, con nuestras experiencias, enriquecer la propia casa, que siga creciendo llenándose de lo que trabajamos, compartimos y vivimos en cada ruta cotidiana.

            Si es el trabajo, la relación con los otros, compras, tareas diversas y expansión lo que nos lleva a distanciarnos de nuestro entorno más confortable y quedar más a la intemperie, por qué no interesarse por aquello que puede enriquecer la casa, nuestra vida, por tanto, de un modo sublime. Cada discípulo de Jesús tuvo que abrir la puerta de su hogar para ir tras Él, donde habían encontrado, no solo un botín para llevarse consigo, sino otro hogar. También estos dos discípulos de Emaús. Encontramos hogar cuando estamos a gusto con alguien, pero si esta persona desaparece, más aún, si muere con una muerte violenta e injusta, el ambiente especial que se generó con carácter hogareño se destruye. Amenaza el hogar todo aquello que lo ponga en riesgo y, sobre todo, a sus moradores. En el caso del Hijo de Dios encarnado, su cruz avisaba de que la maldad humana supera a la misma misericordia divina.

            Había indicios para mirar los acontecimientos de otro modo, pero no les dieron crédito. Aún no habían conocido suficientemente al Maestro, quizás porque lo habían retenido más como maestro que como Verbo encarnado. Por eso, volver al hogar de siempre, aun con la decepción de la muerte de Jesús, era el recurso más sensato.

Entonces, en este camino de regreso, donde llevaban a su casa la derrota de Dios, cuando el Resucitado hace camino con ellos y les va a enseñar a interpretar la historia desde las Escrituras para encontrar sentido a los acontecimientos. La Palabra de Dios solo puede leerse a la luz de Cristo resucitado para esclarecer su significado. Los indicios que ellos despreciaron, resultan evidentes para los que esperan en el Señor y saben bien que es soberano de la historia. Su camino comenzaba a ser entendido con sentido, aunque no fue hasta que llegaron al hogar y Jesús se sentó a la mesa con ellos, cuando lo reconocieron, al partir el pan. Tenemos la responsabilidad de llegar a nuestra casa la experiencia eucarística de lo vivido en la comunidad y que esta transforme el hogar en un lugar de la presencia de Dios. Entendemos hogar como nuestra casa familiar, pero también como el mundo en el que vivimos y, de modo más específico, nuestro corazón. Las alegrías se centran en la victoria de Jesucristo, los inconvenientes se abordan de otro modo, las adversidades dejan de provocarnos angustia, porque nos resulta real la acción de Dios en nuestro camino y nuestro hogar; todo queda iluminado por su presencia redentora y salvadora.

Y el recuerdo de la casa, anhelado, esperado, cobra otra dimensión, porque lo vivimos como el lugar donde mora el Señor y nos hace partícipes de su misericordia, compartida con todos los del hogar, el pequeño, familiar, el grande, la Iglesia universal.

santo dia letra

lectura dia text

El bon samarit de Pelegri Clave i Roquer web