Ciclo B

Exposición del Santísimo

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  • San Pedro Apóstol

  Todos los JUEVES de 19.30 a 20.30

  • Santa María la Mayor

  Todos los DOMINGOS de 19.00 a 19.30

  • Las Mínimas

  Todas las MAÑANAS de 9.30 a 13.00

Acercate a la Oración

jesus 7502413 1280«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación”»  

Si quieres orar y estar junto a Jesús lo puedes hacer... 

 Todos los VIERNES a las 20:00 horas.

 En la Parroquia de SANTA MARÍA la Mayor.

DOMINGO I DE CUARESMA (ciclo A). 22 de febrero de 2026

Gn 2,7-9;3,1-7: El hombre se convirtió en ser vivo.

Sal 50: Misericordia, Señor, hemos pecado.

Rm 5,12-19: No hay proporción entre el delito y el don.

Mt 4,1-11: Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

 

Aquello de “Y colorín colorado, este cuento se ha acabado”, pone término a un relato donde su final, deseablemente feliz, llegaba tras una situación sobre la cual quiere precavernos la historia y que es lo más sustancial del cuentecillo: hay peligros externos ante los cuales debemos estar atentos y contra los que se tiene que luchar para conseguir que el final sea realmente feliz. Una niña que comienza la adolescencia ha de enfrentarse a las palabras mentirosas de un lobo que, en el bosque, quiere impedir que llegue a ser anciana, devorándola; otra joven se topa con la rivalidad injustificada de una mujer mayor que ella, cuya belleza se ve superada y quiere arrebatar el protagonismo de la menor anulándola; o los niños que, en el bosque, han de hacer lo posible por liberarse de la esclavitud de una bruja que les ha engatusado con su casa de golosinas para convertirlos en sus siervos perpetuos. Un patrón común es que los protagonistas son niños que inician la adolescencia, no cuentan con la protección paterna cercana y sufren el ataque de un adulto que se aprovecha de su vulnerabilidad para su propio provecho.

El libro del Génesis nos ofrece también un relato, a modo de cuento, para aleccionarnos sobre otros peligros graves que amenazan la vida. En este caso no se trata de una ficción, sino de la propia historia del origen de la humanidad. El inicio es portentoso, augurando un final felicísimo: la implicación de Dios es máxima, modelando al ser humano, insuflándole espíritu vital, haciendo para él un jardín y dándole todo lo necesario para su manutención junto con una prohibición para evitarle daños. Sin embargo, la conclusión de la historia es desastrosa. ¿Qué sucedió para un término tan trágico de algo que comenzó con tanta belleza y primor?

La historia nos lleva a centrarnos en ese momento de peligro llamado “tentación”. Eva y Adán comparten la posición de los protagonistas de los cuentos referidos en la medida en que son inexpertos, acaban de salir de los brazos de su Padre y tienen que abordar una situación desconocida, si bien cuentan con la instrucción del Creador sobre lo que pueden y no pueden hacer. La tentación es tal, porque se presenta apetecible y ofreciendo algo a lo que aspira su corazón: la felicidad, con la promesa de ser como dioses. El drama de la historia es que le conceden más credibilidad a la serpiente tentadora, que, tradicionalmente, se ha considerado al diablo tentador, que al Dios que los creó. Se convierten en hijos desconfiados y luego desobedientes para llegar a una conclusión fatal abocando a todos los descendientes al desastre.

Afortunadamente no es final de la historia, sino que otro hombre, el Hijo de Dios encarnado, asumiendo todo lo nuestro, también pasó por el trance de la tentación y las venció, no dejando de confiar en su Padre ni siquiera en el momento de su muerte. Por eso el Padre lo resucitó y lo ha convertido en garantía de vida, de final feliz para cuantos participen de su misma obediencia.

Las tentaciones de Jesús que nos presenta el evangelio comienzan queriendo suscitar la sospecha en la paternidad de Dios: “Si eres hijo de Dios”. Un padre no puede dejar que sus hijos pasen hambre, ni que les pase nada malo. Satanás aparece en un momento también vulnerable, porque las fuerzas de Jesús se encuentran muy agotadas por al ayuno de tantos días. Sin embargo, su fortaleza radica en la confianza en el Padre y el poder del Espíritu en su vida. Precisamente, por que es Hijo de Dios, sabe que no solo de pan vive el hombre y que no se debe tentar, o desconfiar, del Señor tu Dios. La última tentación, que ofrece un poder casi ilimitado, muestra a las claras la soberanía del Padre, único Dios y Señor. El poder que no viene de Él lleva a una adoración de Satanás.

En Jesucristo podemos vencer cada tentación, nuestra debilidad se hace fuerte en Él. Y, si le damos crédito a una tentación, desconfiando de Dios, pero nos damos cuenta y nos arrepentimos, nos sabemos victoriosos, porque Cristo ha muerto por nosotros y para que todo el que quiera final feliz para su propia historia lo obtenga en Él. Su poder es mucho más fuerte que el pecado y la muerte. Nos queda que cada uno concluyamos el relato de nuestra vida con Él, confiando en el Padre, siendo fortalecidos por el Espíritu y venciendo, por ellos, toda tentación, hacia la vida eterna.

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