Ciclo A

Exposición del Santísimo

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  • San Pedro Apóstol

  Todos los JUEVES de 19.30 a 20.30

  • Santa María la Mayor

  Todos los DOMINGOS de 19.00 a 19.30

  • Las Mínimas

  Todas las MAÑANAS de 9.30 a 13.00

Acercate a la Oración

jesus 7502413 1280«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación”»  

Si quieres orar y estar junto a Jesús lo puedes hacer... 

 Todos los VIERNES a las 20:00 horas.

 En la Parroquia de SANTA MARÍA la Mayor.

DOMINGO IV DE CUARESMA (LAETARE). 15 de marzo de 2026

1 Sam 16,1b.6-7.10-13a: El Señor ve el corazón, los hombres las apariencias.

Sal 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.

Ef 5,8-14: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor.

Juan 9,1.6-9.13-17.34-38: Solo sé que ahora veo.

 

Nos acercamos (o nos distanciamos) de los demás a través de nuestros ojos. La mirada aproxima o aleja, acoge o rechaza. Ofrecen una predisposición vital; hay mucho que ver, mucho a lo que mirar; lo que los ojos atrapen será aún menos importante de cómo lo retengan consigo en su arca, el corazón. El evangelio de este domingo de Laetare nos enseña diferentes miradas a través de sus personajes. En el centro de la escena la recuperación de la vista de un ciego de nacimiento por la intervención de Jesús tomando tierra mezclada con su saliva y aplicándoselo a los ojos.

Miraron los discípulos de Jesús con una forma arcaica de entender. La ceguera y cualquier mal estaría provocado por un pecado bien personal bien de sus padres o antepasados. Puede esconder trazas de superstición, que no da respuesta real a lo que sucede.

Miraron también los vecinos y conocidos del hombre ciego. Algunos lo reconocen, otros no, aunque advierten que se le parece. Solo pueden constatar que antes no veía y ahora sí, sin llegar a más. Conducen al hombre hasta los maestros para que ellos determinen.

Estos maestros son los fariseos, que también miraron. Su modo de entender la relación con Dios, por medio del cumplimiento de las leyes de la Ley y ciertos preceptos rituales pone ante sí una barrera que les obstaculiza el ver más allá. De algún modo, mirando la Ley contemplan el reflejo de su propia mentalidad en una luz que no ilumina. Generan miedo con la amenaza de la expulsión de la sinagoga, un drama social, a quien de crédito a Jesús. Acaban rechazando al hombre ciego y su testimonio, porque desprecian a Cristo, dándole más importancia a, presuntamente, haber quebrado un precepto, el del Shabat, que a haber causado la curación de esa persona.

Miraron los padres del hombre que acababa de comenzar a ver. La paternidad protege al hijo bajo la pregunta: ¿Qué le puede pasar? Estos padres anteponen la cuestión: ¿Qué nos va a pasar? El miedo les hace apartar la responsabilidad de la protección de su hijo.

El que no veía vio y pudo mirar. Progresa en el conocimiento de Cristo, como en un itinerario catequético. Para él Jesús primero es un hombre, luego un profeta, finalmente lo reconoce como el Hijo del hombre y se postra ante Él. Muestra la mirada del que tiene un encuentro con el Señor y pasa de la oscuridad a la luz de la confesión de fe. Al ver da testimonio transparente y sencillo de su transformación, a la que no dan crédito las autoridades religiosas. Se ha convertido en testigo de la conversión provocada por Cristo. No tiene que ocultar, pero sí aún mucho que conocer del que ha pasado a ser su Señor.

Por último, la mirada de Cristo, que ve la necesidad del hombre ciego y actúa para que recupere la vista; que se encuentra con Él para que reconozca que es fuete de luz, el Salvador. Jesús ve a quien no lo puede ver y actúa para ser visto y reconocido y amado y seguido.

Ni Jesé el padre, ni Samuel el profeta llegaron a ver lo que les pedía el Señor. Jesé hasta olvidarse de que tenía un hijo cuidando del ganado; Samuel hasta agotar su mirada y no ver más allá. Mirando al modo de Dios pronto agotamos posibilidades sin encontrar respuesta. Fue el pequeño, el olvidado, el que estaba en el campo cuidando los animales el escogido por Dios y así se lo hizo ver a Samuel y a Jesé.

Miremos, mirando bien; a la luz del que es la fuente de toda claridad. Que discernamos la luz que viene de Dios de las luces del mundo y nuestros ojos se hagan experimentados en penetrar en la realidad y descubrir la presencia de nuestro Dios que guía la historia.

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