
Todos los JUEVES de 19.30 a 20.30
Todos los DOMINGOS de 19.00 a 19.30
Todas las MAÑANAS de 9.30 a 13.00
«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos».Él les dijo: «Cuando oréis, decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos hoy nuestro pan de cada día, perdónanos nuestros pecados, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en tentación”»
Si quieres orar y estar junto a Jesús lo puedes hacer...
Todos los VIERNES a las 20:00 horas.
En la Parroquia de SANTA MARÍA la Mayor.
Ez 37,12-14: Os haré salir de vuestros sepulcros.
Sal 129: Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Rm 8,8-11: Vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu.
Jn 11,3-7.17.20-27.33b-45: ¡Cómo lo quería!
De una relación circunstancial, de compañero, de alguien que pasa fugaz se podría entender, pero no del amigo querido, del íntimo, del incondicional. Sabemos que el amor no puede exigirse, y, aún así, esperamos ciertas presencias junto a nosotros de quienes queremos y nos quieren. Llegó el amigo y Maestro y Señor adonde se le esperaba, sin embargo, llegó tarde. A Marta, amiga de corazón, se le resbaló de los labios lo que mascullaba en su corazón: “Si hubieras estado aquí…”.
Si es verdaderamente amigo, démosle un voto de confianza. El Maestro sabía. Si se hubiera tratado solo de un milagro a secas, hasta podría haber actuado en la distancia. Él buscaba lo que cada una de sus palabras y milagros: la gloria de Dios. Que todo el que vea, entienda y reconozca el poder del Altísimo que renueva todas las cosas, que anuncia vida donde nos topamos con la realidad frustrante de la muerte. En la revivificación de Lázaro palpita toda intervención de Jesús; cuanto ha hecho y dicho era una proclamación de vida. Y esa proximidad con el amigo, al vivificarlo, será presagio de su propio final y anticipo de su misma pasión.
Amigo de los hombres e Hijo de Dios. Lo primero por ser eternamente lo segundo. Concede tregua a la vida en Lázaro, aunque volvería a morir. Creemos en su amistad y, por eso, esperamos la resurrección definitiva. Los acontecimientos de muerte no nos derrotan ni nos quitan vigor ni nos desalientan. Sabemos que el amigo es lo que ha demostrado ser, y que su victoria llegará a su momento. Ya está aquí, la definitiva aún por culminar.
Si hubiera yo estado… No el Señor, sino yo. Si hubiera estado cuando me llamaba, cuando me pedía obedecer al Padre, cuando me enviaba su Espíritu para la misión, cuando me invitaba a servir a alguien necesitado, cuando me decía que pasase tiempo con Él en oración. ¡Qué desproporción en el ejercicio de la amistad! Él tan amigo y de sus amigos, nosotros tan poco perspicaces, amigos a medias, tantas veces por conveniencia. Con la certeza de que su amistad es irreprochable, que su Espíritu nos ayude a preparar una Semana Santa y vivirla como verdaderos amigos: los que saben esperar los tiempos de Dios, y estar en el momento oportuno, y no importunar, y dar gracias por el don de la amistad.